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La segunda táctica para distraer la atención de la asombrosa brillantez de la economía bancaria y de la banca en si, que se habían convertido en maquina y carburante del comercio mundial, era especifica individual, y estaba dirigida a la identidad psicológica del individuo urbano. Para evitar que los plebeyos se fijasen en la floreciente riqueza de la elite, Roma dio a las masas pan y circo. La versión moderna era la siguiente: para evitar que la gente desee la libertad económica, el derecho a elegir su propio medio de intercambio, evitar el impuesto sobre el valor añadido, los intereses, el perfil crediticio –algo intrínsicamente humano– tenia que crear el vacío creado por la esclavitud económica. En su lugar se ofreció la libertad sexual. Maniatado y esclavizado por las deudas, hipotecado hasta los ojos y mutilado por las tasas de interés , al individuo se le ofreció la liberación sexual. Lo que se ofrecía a la criatura humana era la libertad para explorar su sexualidad. Todo estaba permitido. Desgraciadamente para el mundo, la eliminación de todos los tabúes sexuales abrió las puertas de una zona y anómala: la perversión de menores. La desgracia es que, dada la naturaleza del ser humano, y aquí radica la mentira del humanismo, cuando algo esta prohibido se convierte en deseable. La Hora del Beduino (sobre la política del poder) Ian Dallas.
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